Boda en Namibia

Una boda en Namibia, una aventura de reportaje fotográfico.

Entre síndromes turistas e interminables esperas, comienza una aventura que nos guiarán 37000. kms.

En los que viviremos cada momento metro a metro.

Nuestro destino no se encuentra al final, sino en el camino, viajar sin fin y como único fin, “Viajar”.

Atravesaremos culturas y continentes

Comienzo entre traqueteos y vaivenes de tren.

Al ritmo de los Legend Tigerman con una acertada e inspiradora “the Love will find you in the end”.

Atravesaremos culturas y continentes hasta uno de los lugares donde posiblemente todo surgió.

Namibia, tierra de infinitos, apabullantes y descarnados paisajes; de exóticos y aclimatados animales, y de quizás; una de las últimas e insólitas tribus en su estado puro viviendo casi ajenos a nuestras civilizaciones: “El Pueblo Himba”.

Me encuentro en Madrid con mis dos compañeros de fuga, deseosos de culminar su relación con una Boda Original en otras latitudes

Prescindiendo de sentimentales ceremonias, acicalados invitados y copiosos banquetes.

Eckhard y Joaquina se conocieron de viaje

Eckhard y Joaquina, pareja sui generis como no tantas otras.

Se conocieron de viaje, viven en el viaje, y se casaron dentro de un viaje.

Cuando les conoces cobran fuerza los Ying & Yang.

La vocación de vivir siempre en el camino determina su Karma, hasta el crítico punto de llevarse del lugar todo aquello que no estaba allí.

Las mondas de una simple manzana desequilibran la cadena alimenticia.

Eckhard: Ángel de la Guarda y Guía protector, calculador y concienzudo con sus grupos.

Eckhard curtido en mil batallas

Está curtido en mil batallas y lleva décadas viajando.

Creo que no queda lugar en el mundo para su instrucción, y quizás será de los primeros en llegar a la Luna para tomar nota y proponer rutas.

Joaquina: Jota para los que la conocemos, es una mujer estéticamente peculiar.

Boda en Namibia, Joaquina y Eckhart

Personalmente: alegre, tierna y dicharachera, que camina, habla y piensa siempre de frente, y no ceja en empeño si lo tiene claro.

Empezamos la ruta en cuatro ruedas

Empezamos nuestra ruta en cuatro ruedas desde Windhoek, preparándonos con una radical organización, fruto de la experiencia.

Nos aprovisionamos y comprobamos que todo funciona, aunque sea a la “Africana”.

Después, la improvisación, el tiempo y las circunstancias marcarán nuestro rumbo, dejando que las sendas nos sugieran las escenas y rellenando espacios fotográficos con la cooperadora presencia de los novios.

Empezamos la aventura en cuatro ruedas por Namibia

Sigo convencido de que si miras bien hacia afuera puedes observar mejor lo que tienes dentro.

Una vez traspasada la barrera de control sanitario que divide en dos Namibia, nos aproximamos a “Omduwci Kapika”, “Fuente de Agua”, lugar nómada cerca de donde somos recibidos por la entusiasmada alegría de una Bebé Himba.

Encaprichada con el pajizo cabello de Jota.

Nos asombra la fascinante, natural y coqueta belleza de sus mujeres.

Contactamos con el Jefe del Clan

Localizamos un Guía Local que nos traduce e interna en la Tribu.

Contactamos con el Jefe del Clan, que una vez conocidas nuestras intenciones, nos otorga su permiso y se brinda a oficiar el singular enlace.

El jefe del clan en Namibia

Que de una manera “nativo-occidental” celebraremos en su escueta aldea.

Con la calma y el sofocante ritmo que obliga siempre el Sur, comenzamos el acontecimiento con la entrega de las señales.

Entrega de las señales

Un collar para ella que impone el Jefe, y una pulsera para él, que coloca la más veterana de sus esposas.

Preciadas joyas elaboradas a mano con pieles de cabra y objetos reciclados, pero con un exquisito y peculiar gusto.

Culminamos con respetuosos y alegres saludos, sin que a los invitados les falte agua fresca y caramelos para los más bajitos.

Que por la falta de destreza o costumbre chupan con el papel.

Nos despedimos del hospitalario territorio Himba

Entre risas y recíprocos asombros, nos despedimos del hospitalario territorio Himba con todo nuestro respeto por su colaboración y gratitud por la acogida.

Avanzamos por carreteras polvorientas que se integran en el entorno.

Los Himba en nuestra boda de Namibia

Dejando personas nobles y personajes admirables.

Recorremos kilómetros de paisajes acalorados y sedientos, ventilados y saturados de colores que, hasta los más pardos derrochan gamas imposibles de ocres.

Las famosas dunas 45 y el desierto Namib Naukluft

Momentos dignos de nuestras propias memorias de África; Sesrien y las justamente afamadas dunas 45 y Elin del desierto Namib Naukluft. El solitario: Solitaire. Swakopmund, joya de la arquitectura colonial alemana. El caprichoso e imponente Spitzkoppe. Las impresionantes Moon Mountains y Twyfelfontein.

Después de haber hecho demasiado camino al andar.

El mío termina en el increíble e inmenso Parque Nacional de Estosha.

Boda en el desierto de Namibia

Donde como colofón de despedida de mis compañeros, que continuarán en su merecida luna de miel por el territorio San.

El azar y la maravillosa naturaleza nos obsequian con una increíble y agradecida escena nupcial de dos incansables y apasionados leones, no apta para menores de 18 años.

Atardeceres hermosos

No podemos dejar de sentirnos agradecidos como espectadores por haber podido disfrutar de esos triunfantes atardeceres, por los que brindamos y a los que aplaudimos.

Los sonidos a veces estremecedores en las estrelladas noches.

El entusiasta amanecer de cada día, animando de nuevo nuestro camino.

Ese Sol que sigue abrasando y aunque no lo parezca, dando vida al desierto más antiguo.

Y por qué no, por esas ansiadas lluvias en forma de dramáticas tormentas de verano, sacadas de la más espectacular película.

Recoger el momento

Esta aventura me ha enseñado muchas cosas, pero sin duda me ha ratificado que la fotografía es una huella gráfica de nuestra memoria, y que es, ese instante preciso el que recoge para su gloria y eternidad el momento que se ha creado con una imagen, subjetivo y particular, y que indiscutiblemente no existiría jamás sin un click.

Después de mucho empeño, sobrada voluntad y demasiado calor.

Creo que ha merecido la pena, Eckhard y Joaquina han sabido ser coherentes con sus vidas

Haciendo una boda a su justa medida y confesándome que, “cogido el gustillo”, no será la última vez que se casen.

Oportunidades para que desde un punto de vista Etnológico y como complemento a su relación.

Puedan añadir más retales matrimoniales en sus próximas aventuras.

Desde la nostalgia y esa distancia que te impone el tiempo, creo sinceramente que puede haber sido hasta ahora el viaje de mi vida, y afirmo que después de muchas a mis espaldas, esta sí ha sido “Una Boda Diferente”.

Aquí puedes ver una pequeña parte del reportaje:

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